El empresariado alerta de que cada vez hay más problemas para hallar mano de obra gallega Portugueses y polacos, las nacionalidades más presentes en las obras de la ciudad
15 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?a construcción emplea ya en Santiago y su comarca a 2.000 extranjeros: la mayoría es mano de obra de Portugal, pero en los últimos meses se ha incrementado la presencia de trabajadores provinientes de países del Este, como Polonia o Rumanía. La población ocupada en este sector en Compostela y su área de influencia asciende a 10.000 personas, lo que significa que el 20% de esos empleados vienen de otros países. Tras este proceso no sólo se esconde el abaratamiento de los costes laborales: la gran mayoría de empresas consultadas por este periódico alertan de que cada vez es más difícil encontrar trabajadores gallegos. Y esgrimen otro factor para explicar este fenómeno: la falta de formación de la mano de obra. Existe un déficit enorme en especialidades como los encofradores o los escayolistas. Las compañías constructoras reconocen que en la mayoría de las obras de la ciudad hay varias subcontratas trabajando, pero niegan que la mano de obra extranjera cobre menos que la gallega. «Los salarios se rigen por el convenio de la construcción: lo que sí ocurre es que, generalmente, el trabajador de fuera se conforma con los sueldos que se ofrecen, mientras que el empleado de aquí exige más», detalla un conocido empresario de la construcción. Las retribuciones Sin embargo, el fenómeno del abaratamiento de costes sí se produce con los trabajadores portugueses: en la mayoría de los casos, la empresa gallega de una obra negocia directamente con una compañía lusa y los salarios se pagan como si esos empleados estuvieran en Portugal. Eso quiere decir que cada trabajador le sale al empresario gallego hasta un 30% más barato. Los datos recabados por este periódico en las empresas de Compostela y de su comarca revelan que un peón, en su primer contrato, cobra entre 900 y 1.000 euros netos al mes: los sueldos de los obreros más experimentados oscilan entre los 1.200 y los 1.500 euros. Las empresas constructoras de la zona sostienen que, en los últimos años, se ha generalizado la visión social que vincula el fenómeno de las subcontratas a la precariedad laboral. Las compañías argumentan que este proceso se explica por la mejora de la calidad de los edificios, en los que se busca una mayor especialización: el empresariado entiende que es muy difícil mantener plantillas grandes y estables en una misma obra y que lo mejor pasa porque distintos profesionales hagan la cubierta, la carpintería o la fontanería. Sin embargo, la realidad de las estadísticas laborales sitúa al sector de la construcción como uno de los que registra mayor grado de accidentalidad. Los sindicatos, en este sentido, sostienen que esto obedece a la generalización de las subcontratas con empresas pequeñas, que carecen de cultura en salud laboral y que tienen a sus trabajadores con contratos precarios. Un informe presentado ayer por la Confederación Intersindical Galega (CIG) denuncia que, de los 273 accidentes mortales que hubo en la construcción en Galicia entre 1992 y el 2003, 144 fallecidos se debieron a caídas de altura relacionadas con el uso indebido de las medidas protectoras y de sujeción. El sindicato nacionalista exigió ayer que se incrementen las medidas de inspección en este sector para que aumente la seguridad y se reduzca el número de siniestros.