Crónica | Visita a la zona El conocido aventurero navarro impartió anoche una conferencia en Fisterra y hoy lo hará en Laxe. Hace un año se encontró en alta mar con marineros de esta localidad
04 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Álvaro de Marichalar conocía la Costa da Morte vista desde el mar a lomos de su moto acuática. En varias ocasiones bordeó el Cabo Fisterra. La primera vez en el 94, cuando daba la vuelta a España, entre San Sebastián y Cadaqués. La segunda fue en el 98, entre la isla de La Palma y Bilbao. «Es una costa que se ve dura, misteriosa. Tiene el mismo color, la niebla o la lluvia que otras regiones celtas de Gran Bretaña o Irlanda. Una belleza increíble, difícil de navegar, con un litoral peligrosísimo», explicaba ayer mientras viajaba hacia Fisterra, donde impartió una conferencia. Hoy estará en el salón de actos del Concello de Laxe, a las 20.00 horas, con asistencia libre. Hablará sobre sus travesías atlánticas y proyectará vídeos sobre ellas. Tercera singladura El viaje a la zona tiene mucho que que ver con su tercera singladura por la Costa da Morte. Fue el año pasado, de camino hacia Padrón. Cerca de Cabo Vilán, con mala mar, se encontró con un barco de Laxe, el Rompeolas , con tres tripulantes a bordo, sorprendidos notablemente or el encuentro. «Me dedicaron unas palabras preciosas, de ayuda y de ánimo. Me reconocieron y elogiaron mis iniciativas solidarias. Fue muy curioso, hablando allí de aquello, en medio de una gran tensión, pasándolo mal todos, a una milla y media de la costa. Al final nos despedimos, ellos hacia tierra y yo me perdí en el horizonte, hacia el sur. Pero antes de partir les prometí que volveríamos a vernos. Contacté con la cofradía y, a través de otro amigo de Fisterra, arreglamos las dos visitas», explicaba Marichalar. Las conferencias y proyecciones son las dos primeras de un ciclo que, bajo el patrocinio de Feve, los ferrocarriles de vía estrecha, tratan de inculcar valores como la solidaridad, la paz y la vida sana entre los jóvenes. Álvaro lleva 23 años realizando travesías y acometiendo aventuras. Tiene un largo currículo -en su página www.atlantik2001.com está recogido el material de buena parte de ellas-, plagado de récords y gestas en el mar. Tal vez el más conocido sea el de hace tres años, tras enlazar Roma con Nueva York, 65 días de ruta, a razón de 12 horas diarias de trayecto sobre la moto para cubrir las 10.000 millas náuticas que separan ambas ciudades. Ese periplo lo refleja en Rumbo al horizonte azul , título qye da nombre a un documental y un libro presentados el año pasado. Sin embargo -aunque «cada vez menos», apunta- ,desde algunos sectores se ha proyectado sobre él una cierta imagen de frivolidad, dependiente tanbién de la vinculación familiar. Álvaro asegura que si su apellido fuera otro, se le reconocerían mejor sus logros, «como ocurre en muchos países». Lo de ser cuñado de fue «una losa que-explica- me cayó encima, que me hizo daño en su momento, muchos pensaban que era algo beneficioso, pero al contrario, tener una relación de parentesco no es bueno ni es malo, simplemente existe y punto». Colabora con la Fundación de Ayuda a la Drogadicción y con Mensajeros de la Paz. Siempre condiciona el apoyo económico de sus patrocinadores «al éxito del proyecto, un caso único». Tiene ya la la vista nuevos proyectos. El mes que viene dará la vuelta a Sri Lanka en solitario y llevará ayuda humanitaria a las víctimas del tsunami. En abril, viajaá desde Barcelona hasta Odessa, y el año que viene, si todo sale bien, bordeará Japón para conmemorar el quinto centenario de la llegada del primer misionero español a la nación nipona, además de a Filipinas y otras zonas de Asia. Fue un antecesor suyo, navarro como él: San Francisco Javier. Además de a navegar, de dar conferencias y de participar en actos bien diversos -el año pasado estuvo en Carballo para tomar parte en una concentración de quads-, Marichalar, de 44 años de edad y soltero, también se ocupa de sus negocios, diversificados en el mundo inmobiliario, telefonía móvil, parabólicas o la gestión del patrimonio familiar. Que no debe ser poco.