El longueirón

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

28 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

MIENTRAS QUEDE algo que sacar del fondo de los mares, quedarán puestos de trabajo que ofrecer a quienes viven en la Costa da Morte, sueldos dignos para evitar que hacer la maleta se convierta en una obligación. Habrá que llegar a un acuerdo entre quienes vigilan -los biólogos- y quienes trabajan -los mariscadores- para que se pueda seguir explotando, racionalmente, un recurso. Si desde una asociación de mariscadores quieren abrir sus puertas a otros compañeros, como ocurre con el longueirón en Fisterra, lo menos que se puede hacer es prestar atención al problema. Quienes quieren repartir lo que ya tienen merecen un respeto y que se les preste atención. La solidaridad es un bien escaso. Se sabe que cien entre cuatro da 25, y que cien entre diez, da diez. Si todos se conforman con diez, son más los que tienen algo. Tan fácil y claro como las matemáticas.