ARA SOLIS | O |
22 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A ESTAS alturas, hablar de las penurias que sufren algunas amas de casa suena tan tópico que hasta da vergüenza escribir una vez más sobre ello. Es un tema tan manido que tengo la impresión de que con escribir el primer y último párrafo y llenar la columna de texto falso cualquier lector podría rellenar los huecos. Sin embargo, aunque parece que todos sabemos la lección, aún hay unos cuantos animales por ahí sueltos que cuando llegan a casa ponen mala cara, se quejan por todo y no admiten réplica. Aún hay muchos que creen que la ropa se lava sola, se tiende sola y se plancha sola. Que la casa está llena de duendes que pasan la aspiradora, hacen las camas, van a la compra, eligen y cocinan el menú, llevan los niños al colegio -y los aturan por la tarde-, recogen la mesa y hacen desaparecer, por arte de magia -para eso son duendes-, lo que el paisano de turno deja tirado allí donde su conciencia -¿la tienen?- le dio a entender. Supongo que pensarán que su mujer, como mucho, se limitará a dar órdenes a esos duendes, ver la telenovela de turno y charlar con las amigas sin tener en cuenta que Telefónica se ha puesto por las nubes. Con todo esto no es de extrañar que, cansados tras una larga jornada de trabajo, aún estén dispuestos a darles unos cuantos gritos a la parienta, ponerle mala cara cuando se queje de que está agotada y mirarla como si se hubiese vuelto loca cuando le pide que le ayude a recoger la mesa. Sí, son demasiados tópicos, pero, desgraciadamente, todavía hay muchos hombres que se creen que los duendes existen y llevan, en vez de gorritos de colores, maniles estampados. Pues ojalá existiesen esos enanitos. Sería una satisfacción ver como, convertidos en aliados de la mujer, aprovechaban las horas libres en pellizcar el trasero de esos que piensan que las tareas del hogar son un pasatiempo.?