El pulso de la Costa da Morte Alumnos del centro de formación agraria celebraron una comida en Balarés como cierre de curso de un programa medioambiental que continuará el próximo año
16 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Los muchachos del centro de formación agraria Fonteboa tienen demostrado en más de una ocasión su carácter innovador y emprendedor. Desde el año pasado desarrollan un programa de carácter medioambiental que denominan Limpar. Dirigidos por los profesores Manuel Verdes, Juan Antonio Santos y José Gil, los alumnos ponen en práctica la recogida selectiva, la reutilización de residuos y el ahorro energético. Además construyeron un pequeño taller en el que elaboran productos derivados de los desperdicios y que en el futuro pretenden convertir en una especie de exposición permanente dedicada al aprovechamiento de los materiales de desecho. En la experiencia participan 42 jóvenes de cuarto curso de secundaria. El pasado miércoles celebraron el final de la segunda fase del proyecto con una comida campestre en el entorno de la playa pontecesana de Balarés. Como una rosa A José Freire Martínez lo conocen mejor en Berdillo como Mallo da Vixía. Es popular entre sus vecinos por su simpatía y comentarios irónicos, pero especialmente por tener cumplidos los cien años y estar como una rosa. Freire procura no perderse ningún día de feria en Carballo a donde acude solo. Tiene un siglo de vida, pero eso no le impide vivir el día a día como si tuviese unos cuantos años menos. Goza de un excelente estado de salud, incluso algún amigo dice de él que es capaz de cubrir y comprobar la quiniela sin ayuda de las gafas. Sólo le falta que acierte una de catorce. Esta semana se celebró la clausura del programa Respiro Infantil para Pais que promovió el COncello de Ponteceso. Como sugiere el nombre de la actividad, es un obradoiro en el que los padres podían dejar a sus hijos para disponer de tiempo libre para realizar cualquier otra actividad. Según explicó la pedagoga María Luisa Amado, una treintena de niños de entre 3 y 9 años participaron durante un mes y medio en los talleres y juegos cooperativos que estaban programados en la actividad. Además de la parte lúdica, los pequeños también participaban en acciones educativas.