En directo | Las reivindicaciones de Cultivos Mariños de Corme Los bateeiros cormeláns comenzaron ayer un encierro indefinido para reclamar el pago de las indemnizaciones del «Prestige». Resistirán «ata que alguén nos escoite»
06 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A los bateeiros de Corme parece que les ha mirado un tuerto. Hace cinco años iniciaron una innovadora aventura empresarial que está a punto de llevarlos a la ruina. Los cuarenta socios de Cultivos Mariños pusieron su ilusión en 28 bateas de última generación, pero encadenaron tantas fatalidades que, a día de hoy, no han conseguido vender ni un solo mejillón. Ellos, como otros muchos marineros de la Costa da Morte, vivieron en primera persona las consecuencias del Prestige , pero ellos, al contrario que sus compañeros de otros puertos, no han visto ni un céntimo de las indemnizaciones. Y están cansados de esperar. Cansados de promesas «dun e doutro bando». Hartos de que la Xunta y el Gobierno central se hayan olvidado de ellos. La situación por la que atraviesan -«no podemos hacer frente ni a la seguridad social de los trabajadores», aseguran- les ha llevado a una medida desesperada: ayer comenzaron un encierro indefinido a bordo del barco mejillonero de la sociedad. La misma embarcación que debería haber servido para recoger los frutos de su trabajo servirá estos días como cuartel general de una veintena de cormeláns en pie de guerra. Decorado con parcantas -«Os mexillóns morren. Nós con eles», «Bateeiros = mariñeiros», «Solucións, xa»- y amarrado a la batea Carabandufe , los afectados piensan resistir «ata que as Administracións se acheguen a nós co que nos corresponde». No quieren limosnas, sino, simplemente, las mismas ayudas que el Prestige supuso para otros afectados. «Está máis que demostrado que o petróleo tirou pola borda o traballo que iniciamos no ano 2000, todo o mundo o sabe, menos quen ten que sabelo», se quejaban los marineros. En los últimos cinco años han demostrado una paciencia infinita y la misma paciencia que les sirvió para limpiar las costas de chapapote, la utilizarán para aguantar, «o que faga falla», a bordo de su barco-protesta. «Teñen que oílos, o merecen», decía en el puerto de Corme uno de los familiares de los participantes en la protesta mientras que éstos subían a bordo colchones, sillas, víveres y el amargo humor de los que ya lo dan todo por perdido. «¡Isto parece una patera!», aseguraba con un irónico resquemor uno de ellos mientras ayudaba a las mujeres a saltar a cubierta. Pasadas las cinco y media de la tarde, ya amarrados a la batea, y vigilados de cerca por Salvamento Marítimo, estaban preparados para afrontar su primera noche en el mar. Y así indefinidamente, hasta que la Administración atienda sus demandas. «Nós apostamos pola innovación, pero parece que ninguén aposta por nós», se lamentaban mirando los mejillones que ayer pendían de la batea.