PASABA POR AQUÍ
25 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A VECES vale la pena tomarse un tiempo, hacer un corte en la rutina, para pasear los ojos por lo que tenemos. Unas horas son suficientes, y un coche para recorrer con calma la carretera que serpentea al lado del mar. Entonces uno se da cuenta de que vive en el paraíso, en un edén dulce y algo maltrecho a causa de tanto usarlo. Es lo que pasa cuando hay confianza. A lo que puso en su sitio la naturaleza no se le pueden poner en la Costa da Morte ningún pero. Sí se le ponen, y bastantes a lo que hizo el hombre. Desde la arquitectura de llorar que se puede ver en cualquier sitio hasta las casas que se comen las vistas en Reira y rompen la paz del mar y el granito. A eso hay que sumarle los lugares que podrían haber sido sueño, como Caión o Santa Mariña, y se quedaron en lujos rellenos de hormigón. A veces es bueno visitar lo que es de uno para conocer bien los viejos errores.