Crónica | A pie por Laxe, Vimianzo y Camariñas Una carretera de asfalto de casi tres kilómetros de longitud, que se construirá en breve, sustituirá una de las sendas más bellas de la Costa da Morte
07 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Molesta cuando uno pasea por los escasos tres kilómetros de sendero que separan Mórdomo (Traba de Laxe) de Camelle (Camariñas), encontrarse en el suelo una colilla. Pero más duro será ver bajo los pies las toneladas de asfalto que la Xunta planea echar para unir ambas localidades. La ruta desde Mórdomo, al lado de la magna playa de Traba, hasta Camelle, es una de las más impresionantes de las que recorren la Costa da Morte. Además, se trata de una de las pocas señalizadas para la práctica del senderismo. Quien salga desde Mórdomo se topará al principio (es inevitable en la comarca) con los clásicos restos de basura (¿a quién se le puede ocurrir abandonar allí el tubo de escape oxidado de un coche?). Pero es casi lo único que molesta en los tres kilómetros de recorrido forestal. Hay dos maneras de hacerlo: la ruta superior es un camino de algo más de un metro de ancho que lleva directo a la localidad camariñana haciendo suaves curvas entre los bosques de pinos. De fondo se escuchan las olas y el sonido del viento en los árboles. Cuando llueve, las gotas hacen música sobre el granito de las grandes piedras que cubren la ladera del monte. Alternativa La otra alternativa, más hermosa si eso es posible, pasa más cerca del mar: atraviesa tres boleiras y desde ella se vive el feliz matrimonio entre el mar y la tierra. Lo único que rompe el encanto en esas boleiras blancas que parecen cubiertas de huevos de dinosaurio es la más que evidente huella del Prestige (no se trata de ningún sentinazo). Los croios llevan sobre su piel el tono asfáltico que les dejó el fuel, ese que ya desapareció. Pero hasta es posible olvidarse de ese tono gris y de los molinos de cabo Vilán que se ven al fondo. Se camina entre parcelas divididas con muros de piedras centenarios (¿quién los habrá colocado en una zona en la que sólo crecen arbustos?), entre nubes de tojos en flor. A un lado, el mar, las rocas, ricas en percebes, al otro, los loureiros plantados al borde del camino, para juntar sus hojas con el marisco en la pota. Realizar ese recorrido, ida y vuelta, parándose un poco, lleva en torno a una hora. Los móviles no suenan, como mucho pasa un pescador (el sargo entra bien allí con mejillón) y la vida parece que transcurre de un modo más humano. Se escucha el mar, el viento y los pájaros y se huele el laurel. Flores de colores, halcones planeando y, con suerte, algún delfín. La senda sobrevivió al Prestige . Con lo que no podrá es con el asfalto de una carretera.