El pulso de la Costa da Morte Un vecino de Montevideo abrazó a sus abuelos de Tines, Vimianzo, tras más de dos décadas sin verlos. Marcelo Regueira vió cumplido su sueño tras una larga espera
01 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Una familia de la localidad vimiancesa de Tines protagoniza uno de los momentos más emotivos de la última edición del programa Encontros que emite la televisión autonómica. Marcelo Regueira lleva veintidós años sin abrazar a sus abuelos, Manuel Regueiro Fernández y María Suárez García. Lo hará hoy ante las cámaras del espacio televisivo, un programa que siguen muchos emigrantes gallegos en Montevideo, ciudad uruguaya en la que reside Marcelo. En su viaje a Galicia también se reencontrará con su tía María Suárez, a quien no ve desde hace once años. En la búsqueda de sus raíces está acompañado por su esposa y sus dos hijos. Solidaridad Quien también cruzó el charco para llegar a tierras bergantiñanas es la mexicana Norma Andrade, la presidenta de la asociación Nuestras Hijas de Regreso a Casa. Durante su estancia en Carballo, invitada por la Marcha Mundial das Mulleres de Bergantiños y el Centro de Información á Muller, Norma ha tenido una apretada agenda de actividades. Ayer les contó su historia y la de cientos de jóvenes desaparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez a alumnos y profesores del instituto Isidro Parga Pondal de Carballo. También asistió a la inauguración de una exposición en el Pazo da Cultura que contó con la presencia del alcalde, Evencio Ferrero, y la edil de Servizos Sociais, Milagros Lantes. A continuación ofreció una conferencia en el auditorio carballés. Hablar con corrección De quien no me quiero olvidar en estas líneas es de un concienzudo lector de La Voz de Galicia que se ponía en contacto con la redacción para dar cuenta de una errata. En la información publicada sobre los trabajos de ampliación del puente que cruza el río Grande en Ponte Lodoso aparecía la palabra petril para referirse al balaustre de piedra situado en las márgenes de la vía. El avispado lector recordó que el término correcto es el de pretil, a pesar de que al hablar somos muchas las personas que utilizamos la forma incorrecta. Lejos de incomodar, la actitud de este lector merece un aplauso por su acertada corrección.