ARA SOLIS | O |

11 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY VARIAS cosas que mi ingenuidad nunca me dejará comprender. Una de ellas es por qué, desde tiempos remotos, unas localidades se empeñan en ponerle la zancadilla a otras. Si un municipio hace algo que le beneficia, pues bien por él, que espabilen los demás y que realicen algo similar o mejor, si pueden, pero que no vayan por detrás destrozando lo que otros se han currado. No es de extrañar que a estas alturas digan que somos desconfiados, que nadie se atreva a decir ni mú hasta que ya es irremediable y que haya quien ya esté proponiendo la envidia como deporte olímpico. Seguro que a eso no nos ganaría nadie. Parece que para muchos es difícil entender que también se beneficiarán de las mejoras de los vecinos. Que si el de la finca de al lado tiene piscina es mejor no mearle dentro porque si nos llevamos bien seguro que nos deja darnos un chapuzón. Estoy segura -mi ingenuidad sigue primando- de que si estas tácticas del zancadilleo no existiesen, la Costa da Morte contaría a estas alturas, con más servicios que cualquier otra comarca, o al menos los mismos. Pero no, apoyar al vecino no se lleva. Y que es mejor no tener nada en los alrededores a que lo tenga otro. Pues estamos bien.