PASABA POR AQUÍ
02 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EN ESPAÑA existe una tradición que en general todos denuncian de modo más o menos velado, pero contra la que nunca se hace nada: contratar para un trabajo no a los mejores profesionales, sino al primo, al amigo o al amigo del primo. Siempre se dice que eso hay que cambiarlo, como la ley que regula el voto de los emigrantes, y al igual que en el caso de las papeletas voladoras, seguimos esperando a que alguien se decida. Cierto que para barrer una calle puede ser tan efectivo un sobrino en pleno uso de sus facultades como un señor que apruebe una oposición, pero cierto es también que se supone que en este país la Administración tiene que dar ejemplo. Los fichajes a cambio de votos y los favores familiares, cuando se hacen, no hacen más que rebajar la poca credibilidad que le queda, también en la Costa da Morte, a la política. Un ayuntamiento no es un negocio familiar.