La buscada unidad

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

17 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LO DEL despegue de la Costa da Morte parece lejano. No porque no haya aeropuerto (por no haber no hay ni marquesinas), sino porque no hay unidad. Es algo que todo el mundo, incluidos los que se niegan a unirse, llevan pidiendo desde siempre. Parecía que con el Prestige la gente se animaba a salir a la calle y a abrir la boca, pero no se sabe si por el suave narcótico del dinero en la cuenta o por el mareíllo de cuatro obras, todo aquello pasó a la historia. Ya está claro que, salvo milagro, los localismos seguirán marcando la agenda y que la política de fondo es «o me lo dan a mí, o no se lo dan a nadie». Al final, es la gente la que tiene que unirse, salir de sus casas y pedir una autovía. Pero cualquiera que visite la Costa da Morte tendrá la sensación de que todo el mundo está más o menos feliz con lo que tiene, y que el único foro de protesta son los bares, lugares desde los que no trasciende el mensaje.