CRÓNICAS FISTERRÁS | O |
31 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.MUCHOS DE la generación del 43 pensábamos que las lonjas de subasta de pescado eran muy antiguas y, en consecuencia, muy enxebres. Antes del año 1930, los marineros que usaban la liña encargaban a sus mujeres la venta de este tipo de pescado en la plaza de la villa o en las aldeas. Algunas de ellas andaban varios kilómetros para vender -muchas veces lo usaban como trueque por otros alimentos- para ofrecer pescado fresco. La sardina, el jurel, el trancho, la caballa y el bocarte procedentes de las piezas xeiteiras, medios mundos, xaretas y boliches, se ofrecían en el mar a los galeones y balandros que compraban a flote. En Fisterra hubo muchas dornas de las Rías Baixas dedicadas a este tipo de adquisición. Edificios En el año 1933, el Ayuntamiento de Muros decide construir un edificio dedicado exclusivamente a la venta de pescado. Años más tarde se fundaron las lonjas de Portosín, Corcubión, Noia, O Pindo y Fisterra, que no siempre tuvo buenos compradores. La rula de la villa del Cristo estaba en la Ribeira, y el subastador de pescado era, creo, un tal don Matías. La sardina, el jurel, el boquerón o similares eran especies que llegaban al mercado. Se utilizaba el sistema a la baja. El subastador -un empleado municipal- comenzaba, por ejemplo, por 100 el valor de la cesta de sardina, y con bastante rapidez iba bajando peseta a peseta el precio de inicio. La subasta sería 100 pesetas, 99, 98, 97... y así sucesivamente hasta que uno de los compradores gritase: «¡Mía!». Si el patrón del barco vendedor creía que el precio bajaba demasiado, podía parar la subasta y marchar a otra lonja. Para medir este tipo de pesca se usaban cajones, que eran cubos de madera cuya arista medía 38 centímetros, y el peso de la sardina que contenía estaba entre 45 y 50 kilos. Cada dos cajones equivalían a una cesta. La lonja descontaba de la venta del marinero el impuesto municipal, que era un 4,5 %. El comprador pagaba el 2 % como impuesto de Obras del Puerto.