Viajeros de otras épocas

LUCIANO CAPURRO

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

01 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ENTRE OTRAS maravillas y milagros, además de curiosidades, cuenta Otero Pedrayo en su guía de Galicia algunas cosas de los pueblos de la Costa da Morte. Muxía, ese lugar de «encantador tipo tradicional e hidalgo trato», ya desde muy antiguo destacó por su afamada abaladoira. Desde lejos llegaron curiosos viajeros, como el bohemio León de Rozmithal de Blatna, caballero de la corte del emperador Segismundo, quien se quedó boquiabierto admirando la calidad del movimiento de la piedra, por entonces de una pieza. Quiero imaginar que después de abalar por vez primera Rozmithal, levantó las palmas y entreabrió los labios con la misma pose que tienen los apóstoles en los marfiles medievales al ver a Cristo resucitado. Relata Otero Pedrayo curiosidades de otros lados y descripciones de lugares. De Corcubión dice que es una villa de «notable dignidad urbana y activa de vida comercial y de industrias marinas». Fue, claro, otro tiempo. «Áureo cetro en la diestra» Dice Jacob Burckhardt, el gran historiador del Renacimiento italiano, que allá por mediados del XIV estaba de moda el asunto de la pompa, y que Agnello de Pisa «que solía cabalgar con el áureo cetro en la diestra y que se mostraba al pueblo desde el balcón de su palacio como se exponen las reliquias, reclinado sobre tapices y almohadones de brocado», sólo se dejaba servir de rodillas. Tal vez hubo un tiempo en que también se usaron tales maneras en la Costa da Morte. El príncipe de Muxía se dejaría besar las puntas de la toga a la salida del santuario por el atribulado bohemio Rozmithal.