Aparcamiento

LUCIANO CAPURRO

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

24 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ASEGURAN QUE aparcar es un acto por el cual un coche se estaciona en un lugar determinado y regulado por alguna norma de tráfico. Esa es la teoría, pero en la Costa da Morte la teoría no se aplica demasiado bien. En la Costa da Morte, cualquiera puede darse cuenta, sin necesidad de leer a los clásicos, de que, en la comarca, el estilo de aparcamiento responde a una actitud mental bastante silvestre. Ajenos los pasos de peatones, ajenos a la policía local, a la existencia de multas y a las normas de la buena convivencia, cada cual convierte una superficie plana en un lugar de aparcamiento. Parece que no importa si está sobre un paso de cebra, en un vado, en zona de carga y descarga, en un lugar en el que se entorpece la visibilidad a los demás automovilistas, o sobre una isleta. Eso por no hablar de los que tampoco se amedrantan cuando ven un bordillo: medio encima de la acera, medio en la carretera, o la doble y triple fila, esa que la gente aprovecha para poder bajarse justo en la puerta de la tienda cuando tiene toda la calle libre para poder dejar el coche de un modo más civilizado. Esa que padece la sordera del aparcamiento y que no le importa que los demás piten desesperados para poder pasar o que simplemente tengan que esperar mientras acaba sus recados. También está el estilo de los que sólo aparcan, por pereza, una parte, y dejan el culo o el morro del vehículo en medio de la carretera. Y así, en general, cada uno hace lo que le da la gana. Y eso es básicamente lo que se hizo siempre en la Costa da Morte, incluso cuando no existían los coches.