Reportaje | Ciencia y aventura Un ingeniero informático de la localidad viajó hace unos días a Pekín para presentar en un congreso un trabajo de doctorado que había sido seleccionado
21 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?iego Andrade Canosa, de 27 años, un ingeniero informático de Cee que prepara el doctorado en la facultad de la Universidade da Coruña en la que estudió, cambió hace unos días, y durante una semana, el paseo de A Concha y el del Orzán por la comida con palillos, la Gran Muralla y una cultura milenaria. Diego, fomado en el Eugenio López y en el Agra de Raíces, viajó hasta el Extremo Oriente gracias a que le seleccionaron, para un congreso internacional, un trabajo en el que narra los avances que desarrolla en sus investigaciones. El viaje, tanto a él como a su jefe (pertenecen al departamento de Electrónica y Sistemas) se lo pagó la Universidad herculina. Diego está contratado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, y su trabajo va enfocado a crear «un modelo analítico que, mediante fórmulas, sea capaz de predecir cómo de bien va a funcionar la memoria de un computador al ejecutar un programa, para que vaya más rápido», dicho en sus propias palabras sobre algo complejo. Con todo este bagaje, allá se fueron a Pekín (o Beijing, en la nueva nomenclatura). Su explicación del viaje está llena de detalles y anécdotas: «La gente, al contrario de lo que me esperaba, me pareció alegre y comunicativa». Les encanta estar en la calle, sobre todo, por la noche. De Pekín le queda la imagen de una urbe sucia y ruidosa, de grandes contrastes entre grandes edificios y chabolismo. Le encantaron los grandes parques, y le llamó la atención la universidad en la que estuvo, la de Txinghua, especializada en ingeniería, con estudiantes que cuando ingresan tienen instrucción militar, después una vida absolutamente espartana pero, eso sí, magníficas instalaciones. No comió carne de perro -cuenta jocoso-, ni escorpión, ni serpiente, ni gusanos, pero sí cordero, pato, oveja, y hasta pulpo y marisco, «nada que ver con el de aquí». Y, por supuesto, subió a la muralla, «lo más impresionante que se puede ver en China y posiblemente en el mundo».