El voto sin fronteras

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS EMIGRANTES de la Costa da Morte acá en el continente austral tienen un contacto regular con Galicia y su tierra. De modo invariable, cuando se acercan los procesos electorales, sus paisanos les mandan sobres, no con postales, sino con papeletas. El nivel de educación en América del Sur es mayor que en Galicia, tal vez por eso muchos, sobre todo los jóvenes, lo viven como una ofensa: «¿Cómo le voy a votar a alguien que no conozco de nada en un sitio al que no fui nunca?», explican en perfecto acento uruguayo. Y cuentan sin pudor y con conocimiento de causa, que tal y como está el sano sistema electoral, no se sabe si vota el votante, el padre de familia por sus retoños, el empresario por sus contratados o el cartero por todo el barrio. Acá, donde luchan por no bajar del segundo mundo, los que votan fuera lo hacen en un consulado. A lo mejor a la democracia española le falta un hervor.