PASABA POR AQUÍ
11 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL VERANO es la época más propicia para examinar a los visitantes de este paraíso que es la Costa da Morte. Los que siempre vuelven, esos que han llegado al alma de la zona y se han quedado con ella, ya no hacen prueba, pero los nuevos sí. Lo que más se nota en los recién llegados es el efecto bofetada, más aún si coincide que les llueve en agosto. Lo primero que dicen es que llegar por carretera es lo más cercano al infierno, y que jamás han visto en Galicia nada peor comunicado. Y recuerdan que el tren más cercano pasa a 80 kilómetros sin poder creerselo. Eso lo primero. Lo segundo es la arquitectura. Nadie entiende la estética del hormigón desnudo y los planos diseñados en una servilleta de bar con unas tazas de más. Hace falta mucho tiempo para acostumbrarse. Lo tercero es una especie de sensación de desolación al atravesar las localidades y, de cuarto, el paisaje. ¿Hace falta un cambio?