Cuentos de truchas

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

02 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LA Costa da Morte la gente peca a veces de victimismo. Muchas veces se llora la mala suerte y se lamenta lo malos que son los de fuera con lo bueniños e inocentes que parecemos los de dentro. Pero, además de soltar lágrima y rasgarse las vestiduras, pocos hay que hagan algo constructivo. Dicen los que se recrean en el llanto que cierta fiesta de la exaltación de la trucha se la cargaron los que dijeron en público que en el cartel había una dama tal y como vino al mundo, salvo por el par de truchas que tapaban sus partes más íntimas. Que se sepa, los medios que contaron la historia, no fueron quienes dibujaron el famoso anuncio. Si los amantes de la trucha tienen un problema por su forma de hacer publicidad, que la cambien, o que lo discutan con quienes los critican. Ponerse a llorar y no hacer nada no es la forma más inteligente de hacer las cosas. El que no hace fiestas es porque no quiere.