Vivir para trabajar

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

23 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS EMPRESAS de la Costa da Morte, con honrosas y contadas excepciones, tienen, como es sabido, extrañas tradiciones regionales sobre la vida laboral de sus empleados. Para empezar, el trabajador, a diferencia de sus iguales, digamos en Holanda, debe estar agradecido por tener un trabajo (es como estar agradecido al banco porque otorgue el don de las hipotecas), después, el empleado debe trabajar sin quejarse, lo ideal es hasta reventar, pero sin llegar a ello, porque sería dejar colgado al jefe, y eso es traición. Ni extras, ni vacaciones. Lo de siempre. Esto viene a que aquí se abren centros comerciales y se trabaja cuando haga falta, y todo es muy bonito, y los empleados tienen cada día más ojeras y cada mes más cara de estar dispuestos a tomar las armas. Y la cosa es ya una tradición como lo pueda ser la muiñeira. Lo peor es que así el sistema funciona: tal la fatiga quite las ganas de protestar.