PASABA POR AQUÍ
19 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LAS JOYAS de la Costa da Morte son, indudablemente, sus playas. Esos arenales solitarios y de difícil acceso a los que muchas veces no se puede llegar con coche. Lugares en los que sólo se escucha el sonido del mar sin competir con los altavoces de los chiringuitos. Sitios en los que no huele a protector solar y en los que no hay que darse codazos para conseguir un metro cuadrado de sol. Por supuesto, no hay duchas ni máquinas de cocacola ni casetas de Protección Civil, ni barbacoas, ni aparcamientos ni otros síntomas de playas urbanas de ésas para los domingos familiares con gambas a la plancha y tortilla en un bar de manteles de hule. Esas playas salvajes tienen su público incondicional, el mismo que llora cuando les ponen duchas de plástico y áreas de descanso para el churrasco. Muchas veces, para cuidar el patrimonio basta con no invertir en él. Son los sitios que la gente busca en la Costa da Morte.