PASABA POR AQUÍ
30 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ESA PALABRA tiene el común efecto de provocar escalofríos entre quienes la padecen, que somos mayoría, pequeños estertores de espanto y hasta miedo. Pero también tiene la virtud de provocar la risa. La provoca, en general, entre aquellos expertos en escurrir el bulto amparados en sociedades instrumentales, o en aquellos otros con residencia en Suiza. Son viejos conocidos. Se niegan a pagar carreteras de su bolsillo porque se mueven en helicóptero y todas esas cosas. Pero lo curioso son otros personajes mucho más cercanos. Son esas personas que viven del mar, que lo venden todo por detrás de las lonjas, que no declaran ni un duro y van de pobres con casas de granito de Porriño y calzando Audi. Esos son precisamente los que más lloraban por las ayudas del Prestige y más se lamentaban de lo poco que les llegaba al banco. Esos son los que toman por tontos a los demás.