Los síntomas

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

15 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

CON LO bonito que son los colores y que pocos tenemos. En la Costa da Morte la inmigración es todavía una rareza. En la calle predomina por sonada goleada la raza gallega, mayormente bajita y cotidiana. Son siglos pegados a un terruño en el que nos quedamos solos por la sencilla razón de que no era apetecible para nadie. Y sigue siendo tal vez el menos apetecible de Europa. Entendámonos: que los pueblos de la Costa da Morte ronden el 1% de población extranjera significa, duela a quien duela, que no somos deseables. De hecho la población emigrante es mil veces superior. Un paseo por Madrid, Londres, o incluso por Vigo es un escaparate de caras nuevas, de variedad que alegra la vista. Por eso no entiendo a los que protestan contra los de fuera: cuando alguien viene es un claro síntoma de que las cosas van bien. También es cierto que cuando no viene casi nadie es que las cosas siguen igual de mal.