El reencuentro más difícil

C. Abelleira CARBALLO

CARBALLO

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En directo | Recepción en Carballo Dos vecinas del municipio residentes en Uruguay y Argentina desde hace más de cuarenta años fueron recibidas ayer por el alcalde y el concejal de Emigración

11 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Providencia Rodríguez Muñiz emigró a Buenos Aires en 1948, el mismo año que nació el alcalde de Carballo. Ayer se vieron por primera vez, en una recepción oficial ofrecida por Evencio Ferrero a las participantes en el programa Reencontros de la Xunta. Este año han sido sólo dos. Junto a Providencia, que en estos 48 años no había podido regresar a su pueblo, se sentó María del Carmen Vilanova, una carballesa de Xoane que acudió acompañada por su madre, Celia Vázquez, una gran conversadora de 89 años y, como dice su hija, una mujer adelantada a su época. El concejal de Emigración, José Antonio Periscal, compartió el papel de anfitrión. Para Providencia eran sus últimas horas de estancia en Carballo después de unas vacaciones de 45 días de las que está muy agradecida, «porque yo no hubiera podido». En la capital argentina la aguardan dos hijas -su marido falleció hace quince años- y la esperanza de que la delicadísima situación del país mejore tras el cambio de gobierno. «Esperemos que este presidente mejore las cosas», dice. Para ella ha sido «maravilloso» e inesperado este viaje a Carballo después de 48 años, tantos que no reconocía su pueblo cuando llegó: «Es hermoso, está muy cambiado». Con lágrimas en los ojos se despidieron del alcalde y del concejal de Emigración tanto Providencia como Carmen, que mañana podrá celebrar su 63 cumpleaños junto a la madre que dejó en Xoane hace ya 45. Para ella las vacaciones no han terminado. El programa Reencontros le ha concedido una prórroga hasta el 29 de enero, de modo que éstas serán las primeras navidades en mucho tiempo que pasará en Carballo. En Uruguay la esperan su marido y sus hijos, pero no quiere desaprovechar la oportunidad. «Estoy segura de que se van a apañar», dice. Carmen se considera una afortunada, porque para ella es el segundo viaje a casa. «Mucha gente -dice- no tuvo esa suerte». El anterior, en 1991, se lo pagó su padre, fallecido hace dos años y medio, un suceso que le ha dejado esa espina clavada de no haberlo acompañado en los últimos momentos. Ambas ansiaban volver, pero ante la inminente despedida, ha sido el reencuentro más difícil.