«La violencia se aprende y se gesta en la sociedad»

C. Abelleira Cristina Abelleira CARBALLO CARBALLO

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Testimonio | Pilar González García Su experiencia como directora de una casa de acogida le sirve para realizar un diagnóstico completo del problema

29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Pilar González García, ex directora de la casa de acogida de Santiago de Compostela, cree que el problema de los malos tratos arranca de un concepto social que transmite la visión del hombre fuerte frente a la mujer abnegada. El aprendizaje que recibimos desde niños conforma identidades estereotipadas que Pilar González ilustra con esta frase: «El señor escupe; la señora, traga». Desde su punto de vista, eso es consecuencia de una educación en la que a los niños se les orienta «a echar la agresividad, que es innata, hacia fuera; mientras que a las niñas se las reprime más». Pero si la agresividad es una característica con la que nace el ser humano, «la violencia se aprende y se gesta en la sociedad», apunta Pilar González. El objetivo es conseguir lo que se desea «pasando por encima de la voluntad de la otra persona», y así se producen situaciones que van desde el chantaje emocional («si no vienes conmigo es que no me quieres») hasta los malos tratos físicos. En el primer caso, con el paso del tiempo, y según la experiencia de la ex directora de la casa de acogida de Santiago, la mujer casi siempre se limita a hacer lo que quiere su pareja, y deja de saber lo que realmente quiere ella. En el segundo, la víctima se siente incapaz de controlar la violencia del hombre, lo que genera culpa y miedo, «que son los principales potenciadores de la conducta», explica. Factores de riesgo Pilar González asegura que desde el principio de una relación es posible saber si un joven va a ser violento, ya que existen una serie de factores de riesgo: «Le gusta controlar. Controla los horarios, la ropa, los amigos... Ocurre muchísimo. Yo he visto a mujeres muy golpeadas con diecisiete años». Por eso, desde su experiencia hace una llamada de atención a las madres para que permanezcan atentas a este tipo de conductas y ayuden a sus hijas a hacerles frente. Si hay hijos de por medio, el maltratador suele recurrir al chantaje. Es frecuente que las víctimas tengan familias grandes, porque «cuantos más hijos tenga menos va a poder cumplir sus deseos», que es lo que va a intentar evitar el hombre por todos los medios. Al igual que es posible identificar a un agresor, también hay signos evidentes de que una mujer es maltratada. Pilar González destaca que siempre se siente culpable, sufre una ansiedad generalizada y tiene una depresión más o menos agudizada. Desde fuera, estos síntomas suelen interpretarse como parte de un problema mental, pero los expertos lo denominan síndrome de la mujer maltratada . La ex directora de la casa de acogida de Santiago llama la atención sobre otro tipo de violencia «de la que no se habla, pero que denigra y degrada a la mujer», como la necesidad de tener que pedir dinero a su marido incluso para comida o de ser forzada a mantener relaciones sexuales: «Eso es una violación -apunta Pilar- y a las cosas hay que llamarlas por su nombre». Salidas Pero hay luz al final del túnel. El primer paso hacia la salida, según Pilar González, es «decirlo», porque el «peor enemigo» de la mujer maltratada es el silencio y el segundo, sentir vergüenza. Pero también hace un llamamiento a sus compañeras, «las profesionales», para que escuchen y dejen de considerar sólo como víctima a la persona que tienen enfrente, «porque eso es lo que vamos a transmitir». El 60 por ciento de las denuncias por malos tratos que se presentaron en los primeros cuatro meses del año en la provincia de A Coruña se concentraron en la Costa da Morte. Éste es uno de los muchos datos que se han ofrecido durante los dos últimos días en las jornadas Palabra de Muller, organizadas por el Concello de Carballo con la intención de profundizar en la lucha contra la violencia en el hogar. Una simple lectura de los partes diarios de la Guardia Civil, que tramita todas las denuncias que se realizan en la zona, permite incluso elaborar un mapa de agresiones. Son sobre todo los concellos de Carballo, Coristanco, A Laracha, Ponteceso y Camariñas los que contribuyen a engrosar la trágica lista de la mal llamada violencia de género, porque, aunque las mujeres son casi siempre las víctimas, también lo son los hijos y los padres. Las agresiones no han dejado de sucederse a lo largo del año. Enero y marzo fueron meses especialmente duros, con cinco detenidos en cada caso. Alguno fue espeluznante. Después de permanecer durante ocho días encerrada en el cuarto de baño, una vecina del municipio de Carballo salía de su cautiverio el 2 de enero con la ayuda de los vecinos. La mujer intentaba huir de su marido, que la amenazó de muerte armado con una hoz y un cuchillo de cocina, y para ella el cambio de año se redujo a la desesperación de estar secuestrada en su propia casa. El hombre, de 68 años de edad, fue acusado de detención ilegal y amenazas. En buena parte de los episodios de violencia en el hogar registrados en la Costa da Morte coinciden varias infracciones del código penal. De ahí que en la estadística de la Guardia Civil figuren 34 delitos y 29 faltas, pero sólo 20 detenidos en el ámbito de actuación de la quinta compañía, en la que no se incluye Cerceda. Los malos tratos no tienen edad ni responden a un único modo de actuación. Pero sí hay coincidencias, al menos en los casos denunciados en las comarcas de Bergantiños, Soneira y Fisterra. Así, la violencia no siempre va dirigida en exclusiva hacia la mujer, sino también hacia los hijos e incluso hacia los padres. En este sentido destaca la gran cantidad de denuncias que tramitan los juzgados de Carballo. También destaca en un porcentaje elevado el uso de armas, sobre todo palos y cuchillos, y tampoco es inusual que, junto a los malos tratos, la víctima sufra un secuestro en su propia casa.