LA RECONVERSIÓN
22 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Vivir de la madera fue un negocio durante años. Los astilleros no sólo facturaban por la construcción de nuevos barcos de una flota de bajura en auge. También se vivía de las reparaciones, algo que ahora es una de las pocas fuentes de ingresos que todavía da de comer a los carpinteros. Pese a que la madera fue negocio hasta finales de los ochenta en algunos lugares, otros optaron por cambiar de registro y comenzar a trabajar en cascos de acero y fibra. Uno de los se lanzaron al mercado de los grandes buques fue la Sicar, el astillero más grande de la Costa da Morte, que abrió su nueva factoría en Cee en los años 60. Antes la familia Castro Rial, los propietarios de la factoría, había construido barcos en madera. Restos de aquella factoría conforman hoy parte de los fondos del museo Seno Marítimo de Corcubión. Un cso particular El caso de los astilleros Sicar es distinto del de los astilleros pequeños. El último barco nuevo que salió de la planta de Cee se botó en el año 1994, pero desde el astillero comentan que en el centro se realizan obras de reparación de buques con frecuencia, la mayor parte de los mismos propiedad de la misma naviera, que pertenece también a la familia Castro Rial. En el año 58 abrió el astillero Roseva en Cabana. Durante muchos tiempo se hicieron barcos de madera en sus instalaciones pero en el 97 su gerente decidió dar el gran salto, reconvertir la empresa y empezar a fabricar embarcaciones de acero. Manuel Roseva explica que desde entonces han realizado una veintena de buques a base de soldaduras, aunque nunca han dejado de lado la carpintería de ribeira. ¿Si compensa? Este empresario dice que sí, aunque la empresa todavía está amortizando la fuerte inversión que realizó y aún se resiente del parón que supuso la catástrofe del Prestige: «O inverno pasado foi moi mal ano, porque había proxectos, pero os armadores non se decidían debido á incertidumbre que pesaba sobre o sector», explica. De todas formas dice que el negocio está encaminado. Sobre por qué el acero y no otros materiales para la construcción de los barcos da una explicación muy clara: «En cada galiñeiro hai un astillero de fibra». Además, en Roseva también se han decidido por la diversificación y ahora hacen piezas para granjas de acuicultura. El paso a la informática Todo estos cambios, además del esfuerzo económico, ha supuesto para su gerente y los 14 empleados que trabajan actualmente en el astillero un cambio de mentalidad. Al principio utilizaban los mismos sistemas de diseño que en la carpintería de ribeira, pero ahora se han aliado con las nuevas tecnologías informáticas. De todas formas, tienen otro escollo que saltar: las líneas ADSL en Cabana no son, precisamente, las más rápidas del Oeste. Además, Manolo Roseva no se cansa de recordar que la ría de Cabana se ha quedado sin calado y que lo que se hizo hasta ahora fue «pouco e mal». De hecho, un barco de 200 toneladas antes flotaba con marea baja y, ahora, si está llena tiene zonas en las que se queda encallado.