Una historia de desfiles

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

09 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS QUE no pasamos por la mili y aprendimos nuestra ración de disciplina de un modo menos bélico tenemos algunos problemas para entender las exhibiciones militares. Ayer, en Fisterra, los soldados formaban parte de las fiestas patronales. El tema es vistoso, pero envuelto en unos rituales que suenan algo anticuados en un mundo de militares profesionales. Pensaba, por ejemplo, cómo penalizarán a quien desafina, al que se le suelta la correa del fusil o al que se pisa en cordón en plena marcha sincrónica. Pensaba que la disciplina tiene que ser algo parecido a la que le ponen los entrenadores a las gimnastas o a los que amplían pulmón a base de natación sincronizada, sólo que aquí los ejercicios son de subir y bajar banderas y de caminar todos igualito con la misma cara de rigor mortis. Es vistoso ver esas camisas refulgentes y escuchar esos sonidos de la banda. Es como un viaje al pasado.