PASABA POR AQUÍ
08 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LAS FIESTAS de Fisterra ya huelen un poco a mojado. Ajenas a los baños de multitudes de agosto, tienen ese aire doméstico de las fiestas que se hacen por semana y que a golpe de septiembre tienen muchas papeletas -de las válidas- de bañarse de lluvia en pleno pregón. Son como la traca que anuncia que por este año se acabó el aire libre y toca de nuevo hibernar frente a la tele. Al más puro estilo Verano Azul los turistas se han ido marchando con la baca del coche llena de colchonetas hinchables y otros artefactos playeros. Las terrazas empiezan a desaparecer y vuelve a sobrar aparcamiento. Sólo algún turista de última hora asoma el hocico para, con un ojo en los nubarrones y otro en el plato, comer y salir pitando. Vuelve la paz y las horas muertas. Se acaban las vacaciones de las neuronas. Es hora de volver a la rutina. Por ejemplo, a reclamar la autopista.