PASABA POR AQUÍ
13 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SI, YA sé que vuelvo a lo mismo, a lugares comunes, a algo de lo que sin duda habremos hablado en los últimos años. Pero, ¿qué es la vida, sino una alternancia de lugares comunes? Viene a cuento del calor, que a veces a alguno le hace decir cosas que en circunstancias normales seguramente diría de otro modo. Es muy sencillo. Ayer, en un local de Carballo, una señora se quejaba amargamente a su interlocutora: «¡Ay, hija, qué agobio de calor, esto es insoportable, me muero!». Que se muere, la señora. No te fastidia. A esa hora en la que se tomaba una caña tan ricamente, muchas señoras de su porte y edad se estiraban por campos de tierra recogiendo patatas y mordiendo el polvo mejor que Eastwood. O tranportistas que podrían desbordar las pozas de Razo con el sudor de sus axilas. O niños limpiando el trigo buscando el aire en los remolino. Esos sí que se morían, señora.