Las vacas de Alejandro se emancipan

CARBALLO

Reportaje | Polémica bovina en Muxía Un grupo de vecinos de Os Muíños confinó un rebaño de trece reses en una finca para evitar que sigan pastando sin control y causando destrozos

24 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Encontrar el rebaño de Alejandro García Trillo no es cosa fácil. Hacia las dos de la tarde de ayer fue visto en Os Muíños, Muxía, adonde, dicen llegó procedente de Moraime, pero se le pierde el rastro hasta que las trece vacas reaparecen en Labexo unas horas más tarde, a varios kilómetros de la casa de su propietario. Las vacas de Alejandro son famosas en toda la zona por su vida liberada. De los trece animales, uno al menos nació en la playa, completamente ajeno al contacto con veterinarios. Hace dos años que las vacas de Alejandro de Moraime campan a sus anchas por los lugares de la zona. Son famosas en toda Muxía y han movilizado a la Policía Local, la Guardia Civil y el juzgado de Corcubión, que resolvió en su día que no se trataba de animales peligrosos. Para los vecinos son algo más que un peligro. Dice María López Leyro que ya le han acabado con 10.000 euros, porque los animales gustan de pastar entre sus frutales. Le acaban con los pinos pequeños, con las berzas y repollos y con el maíz. El mismo rebaño ha hecho que 15 vecinos de Moraime presentasen un escrito en el Concello pidiendo amparo. Cuentan que las reses salen con nocturnidad de su establo -cuando no duermen fuera-, y se cuelan en cualquier sitio donde encuentren qué comer. Ayer, dicen, causaron un buen estropicio entre las berzas de la zona y un grupo de vecinos decidió aprovechar un descuido de los animales para echarles el cerrojo en una huerta amurallada. «De aquí non se moven ata que nos digan qué se fai con eles», contaba María López, que compartía vigilancia con José Martínez y Máximo Lema. El rebaño, que a simple vista parecía bien alimentado y pastaba ayer ajeno al secuestro, lleva dos años causando problemas. Dicen en Labexo que al dueño algún repaso de palos ya le cayó, pero que ni así se anima a poner freno a la voracidad de su ganado. Durante este tiempo las reses, medio asilvestradas, se fueron haciendo más o menos nómadas. Así, lo mismo le dan a las manzanas que subsisten a base de repollo, sin hacer distinción de parroquias y lugares. También aprendieron el lenguaje de signos de los propietarios más furiosos, y dicen que huyen cuando ven una escoba levantada y al portador corriendo hacia ellas. Entre las amenazas más efectivas, la de un vecino que hizo ademán de ensartar a los bóvidos con una horquilla si le volvían a patear los campos. Cuentan que surtió efecto. Cuentan los de Moraime que tanta vaca suelta es un peligro en la carretera, pero hasta hoy nadie les ha puesto freno. En Labexo, donde los animales se hallaban retenidos, no culpan al ganado, sino al propietario. Ayer fue imposible hablar con él. Para los vecinos es difícil todos los días.