Alegría para los ojos

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Los que saben que una de las virtudes de la Costa da Morte es lo que esconde bajo el mar, comenzaron ayer a salir de una más que posible depresión. Después de meses condenados a comer pescado congelado y otros bichos marinos cultivados en piscinas, o a suplir con dolor la falta de productos propios con monodietas de bacalao y coreanos en vez de meigas, es posible volver a disfrutar de la fealdad de nuestros rapes y la delicia de oler en las lonjas el fondo del Atlántico en la piel de pintos y maragotas. El pulpo de la Costa da Morte, tan llorado estos meses por los incondicionales, vuelve al fin a la mesa. Y también el congrio, las fanecas y otros bichos que nos tenían abandonados. Para los fans del pescado fresco las lonjas vuelven a ser una alegría para las retinas. Para los amantes de lo exquisito la Costa da Morte recupera por fin la cabeza del pelotón entre los destinos gallegos.