Pena de música

|EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

09 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EXISTEN RASGOS folclóricos en la política de difícil comprensión. Se puede entender que la gente se acalore, se insulte, se denuncie o hasta se pegue; se puede entender que empapelen los pueblos con fotos carné tamaño familiar. Se puede entender que abusen de los mítines hasta el aburrimiento. Lo que es incomprensible es lo de la música. Si reprodujeran temas de grandes compositores, o si invitasen al público a un karaoke a base de Dyango, tendría algún sentido, pero que achicharren a la gente por la calle desde los altavoces de los coches con melodías de oferta es algo que duele. Como lo de las bombas de palenque, que le dan a las fiestas un toque de artillería abriendo fuego a discreción. Las musiquillas electorales, tan triunfalistas, sólo generan un deseo entre los que las sufren: que el coche pase pronto. No sé, a lo mejor había que buscar una estrategia menos agresiva para llamar la atención.