Mucho más que once jugadores

Gabriel Rivera BAIO

CARBALLO

CASAL

Gentes de todas las edades acudieron a Baio para disfrutar del homenaje al balompié costero

15 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue un partido de fútbol, un mentidero de anécdotas, un filón de risas, los clavos de la guerra, un encuentro de amigos. En definitiva un ejercicio de memoria colectiva en torno a los cuarenta años de la Liga da Costa, que son doblemente nada si hacemos caso del arrabalero tango. Hubo personas mayores, como los integrantes del primer equipo del Muxía que logró el título en 1965 y Manuel Veloso, que se hizo legendario personaje por aparecer en la portada del libro de Xosé María Lema sobre la historia del Baio. Se honró a los que se fueron y dejaron en el recuerdo de los amantes del balompié una huella de sus pisadas futbolísticas, como las que se podían ver en el trofeo que se entregó a los mejores jugadores y entrenadores de la historia de la competición. En especial se recordó al muxián Eduardo Toba, que llegó a ser seleccionador nacional. Juventud También hubo niños, ya se sabe que donde están ellos hay alegría. Como Rui y Xoaquín que recogieron un premio en nombre de su abuelo. Y como Andrés, de ocho años, que antes de que comenzase el choque se entretenía dando toques al balón, quien sabe si imaginándose mayor en un gran estadio. «¿Cómo te liaron para venir aquí?». «No me liaron, vine porque quise», respuesta seca a un entrometido periodista que quería ir de graciosete. Andrés juega en el Orzán y sueña con llegar un día a formar parte del primer equipo del Deportivo. Los rapaces pierden poco a poco el interés por el choque y se afanan en sus cosas: uno a dar vueltas en su bicicleta, otros a jugar un partido paralelo y un emulador de gimnastas rusos a hacer acrobacias en una portería de metal. Cada cual a lo suyo. El campo Dentro del campo las estrellas se aplican a lo suyo, a dar con criterio patadas a un balón. El partido parece, por momentos, que tenga tres puntos en juego. Lestón se retira y le tienen que trasladar al centro de salud de Vimianzo para que le pongan cinco puntos de sutura en una brecha que se ha hecho en la cabeza al chocar con un contrario . Cambeiro, melena rubia al viento, es el más aplaudido. Tiene su propia legión de seguidores. También queda tiempo para los guiños a la diversión. Arteixo le dice a Ballesta que tienen que buscar a Sabin Bilbao por la izquierda antes de que comience el partido y en el descanso la selección de la costa entrega un banderín y la historia del Baio. Otros mundos En la grada y en la cafetería, poco a poco se pierde el hilo del partido conforme van cayendo los goles de los blanquiazules y avanza la tarde. La noche y la luna empiezan a entreverse en lo alto del campo. Es el momento de las anécdotas. «Los partidos antes no acababan cuando pitaba el árbitro, sino cuando pasaba el autobús y había que marcharse», se comentaba en la tribuna. Es uno de los muchos chismes que se rememoraron, pero se contaron muchas más. El partido de ayer, en palabras de Unamuno, fue el repaso de la intrahistoria del fútbol costero.