Basilea, la «Costa da Vida»

CARBALLO

KOPA

Decenas de vecinos de Carballo, A Laracha, Vimianzo y el resto de la Costa da Morte buscan su futuro en un país que ya no es Eldorado soñado

04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Basilea no está muy lejos de Carballo. Poco más de un día en coche es la distancia que separa el corazón de varios cientos de vecinos de la comarca de Bergantiños de sus carteras, que se llenan en los más variopintos trabajos en países como Suiza. Basilea es el mejor ejemplo de esa dura convivencia entre la necesidad y la morriña. En el entorno de esta ciudad, una de las tres más importantes de Suiza, residen varios cientos de personas procedentes de Vimianzo, Carballo, A Laracha y un sinfín más de pueblos del área de la Costa da Morte.Los primeros llegaron a tierras helvéticas hace más de treinta años. Ahora, la tercera generación de emigrantes se debate entre la duda de disfrutar del estado de bienestar que reina en Suiza o regresar al terruño para emplear lo ganado con mucho trabajo. Testimonios «Esto ya no es lo que era. Antes se ganaba mucho dinero, pero ahora los salarios han bajado mucho. Han llegado muchos inmigrantes de los países del Este. También asiáticos y africanos. Todos ellos han contribuido a reducir los salarios y los impuestos siguen subiendo», se queja Manuel, un vecino de A Ponte do Porto que lleva doce años residiendo en Basilea. A él no le ha ido mal. Ha montado dos empresas, una de mudanzas y otra de promoción inmobiliaria. Sufre con el Dépor -es el presidente de la peña Adades- y tiene la suerte de ver a sus familiares a menudo, pues viaja a España entre diez y catorce veces al año. «Estoy montando otra empresa en España. Allí es más difícil hacer dinero, pero, si todo va bien, pronto podré regresar», afirma.En su empresa trabajan más de veinte personas y la mayoría son de la zona de Vimianzo. Tito, bonachón y siempre sonriente, es uno de ellos. «Eu mando os meus francos a Galicia. Teño algunhas inversións feitas e, en canto poida, regreso. Esto non é para vivir. Soamente val para traballar», explica.A Josefa, una mujer que emigró de su Rus natal cuando tenía sólo 17 años, se le hace más difícil pensar en el retorno. «Por ahora ni me lo planteo», dice. Su cabeza la ocupan sus quehaceres diarios y la boda de su hija, Sandra, que se casará el próximo verano con otro joven emigrante.