Andalucía bailó al son de la gaita

Eduardo Eiroala voz | muxía

CARBALLO

ANA GARCÍA

04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Jamás tuvo Muxía menos acento gallego. Las cálidos timbres del sur se han hecho un hueco en la Costa da Morte. Unos 1.500 voluntarios llegados de todas las provincias andaluzas se reunieron para sacar chapapote de rocas y playas. Al menos de día. De noche, y sobre todo el sábado, quisieron olvidar la negrura de la jornada de tarea y celebrar por todo lo alto de la mano de los locales el Día de Andalucía. Allá lo hacen cada 28 de febrero, pero en la Costa da Morte lo aplazaron hasta el 1 de marzo para dar tiempo a todos los voluntarios del sur a juntarse en una gran fiesta. La lonja muxiana ya parece un local multiusos. De mercado de pescado a comedor y almacén pasando por sala de fiestas. Y la cosa funcionó bien. Rafael Crespo, coordinador de los voluntarios de Andalucía en su programa de voluntariado ambiental, explicaba las aportaciones: queso en aceite, vino de Huelva y de Jerez, chacina... todo productos ecológicos salidos de los parques naturales. Por algo en la lonja había cerca de 500 de los Verdes de Andalucía. La barra libre se vivía con calderos llenos de sangría, vino y un sinfín de botellas de Jerez. Ponía la música un grupo local y la alegría y el baile el personal que se acercó hasta la lonja: la mitad andaluces y la otra, muxiáns. Sólo el plástico que protege el suelo recordaba al chapapote, el resto era alegría. «Así -decía Fernando Mato-, haremos mejor mañana los kilómetros de vuelta». Hablando del chapapote se ponían muy serios. Rafael Castro aseguraba que nadie envió tantos voluntarios a Galicia como Andalucía. Además estaba encantado con el trato de la gente de la Costa da Morte. En la autocaravana que lleva para apoyar a los suyos ya ha hecho más de 3.000 kilómetros en la zona. Según pasaba la noche, para muchos la última que pasarían aquí, subía la temperatura, que estalló cuando sonó el himno andaluz: «Andaluces levantaos para pedir tierra y libertad...» cantaban a gritos. Y la fiesta siguió después en los locales de Muxía en un folclórico hermanamiento. uentan los del pueblo que hay lista de espera para limpiar y que muchos que lo han hecho ya se han apuntado de nuevo para volver. El placer de echar una mano es grande, pero también es famosa ya la hospitalidad de los anfitriones. Para combatir la mala cara que deja la marea negra, los sábados de noche la lonja se convierte en una fiesta de cinco estrellas. La última, andaluza. exto