Voluntarios de todas partes, marineros, mariscadores y soldados limpian la negra cara de la Costa da Morte En los dos primeros meses del año sigue la riada de ayuda solidaria
21 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«Si no salgo en la foto, te pierdes lo más bello que hay en Sevilla». Ante algo así, cómo no hacer que salga en la foto, tomada en el embarcadero de Nemiña, una de las voluntarias de Sevilla que han extirpado el fuel de los coídos, las rocas, los bolos, la arena, la fachada del mar y hasta el viento cuando sopla de noroeste. Lo que la voluntaria quizá no sabía es que «lo más bello de Sevilla» no son unos ojos hermosos como tantos que han visto el negro sobre el blanco de sus trajes, sino la solidaridad llegada de todas partes de España que se transforma en gesto con las manos sobre el petróleo. Riadas y riadas de caras anónimas han realizado un trabajo que se guardará en la memoria colectiva durante décadas y algunas, también, en fotografías.Lo más bello también viene de aquí. Marineros que se emplean a fondo para llegar a lugares en los que la última vez que se movieron los cantos rodados posiblemente fue en la transición al Cromañón. No es extraño por tanto, que algunos, como el otro día uno de Corme, dijese que a las zonas más peligrosas prefería que no fuesen los voluntarios: «Despois teremos que sacalos a eles igual que sacamos o chapapote», se justificaba con una sonrisa.Eso, por tierra. Con baldes, o capazos; con pequeñas grúas, imaginación, esfuerzo, maña, teleféricos manuales, helicópteros del Ejército, dedos. Por mar, tripulaciones de barcos que, como el camariñán José Manuel Campaña, trabajan tras las manchas como las buenas lejías «para evitar que cheguen a terra».Lo más bello de todo esto, en fin, por aquello tan gallego de buscar perfección en la ruptura, es que vienen y vienen sin pedir a cambio. De Tokio, de Rumanía, de Francia. Algunos lloran cuando ven cómo está la costa, la que volverá a ser bonita.