Entre el chapapote y la escuela

Gabriel Rivera CORME

CARBALLO

Fue un día completo para los 100 alumnos y los 6 profesores del Centro de Formación de la Policía Nacional de Ávila que están estos días en la Costa da Morte. Nada más salir el sol se pusieron los monos blancos y acudieron a retirar chapapote al Roncudo, donde hicieron una gigantesca cadena humna para sacar el fuel que se acumula en los enormes acantilados del lugar. Después de cinco horas de esfuerzo, había 40 toneladas menos de fuel en el mar. Un pequeño respiro para reponer fuerzas y de nuevo al tajo. La sesión vespertina fue en el colegio As Forcadas de Corme. Allí, además de repartir bolígrafos y gorras entre los más pequeños, los policías fueron sometidos a un pérfido cuestionario. La comunicación a veces difícil porque los niños, por inercia, acababan hablando en gallego, idioma que a veces no era comprendido por los foráneos, lo que ocasionó que chistes de los agentes se fueran al limbo de las gracietas. Como aquel que dijo que las porras (además del arma son un típico desayuno madrileño) son para mojar en el café. Después de esta afirmación debían llegar las risas, pero hubo silencio y caras extrañas entre los pequeños.Los niños de Corme fueron incisivos con sus preguntas, algunas repletas de lógica humana: «¿Por qué llevais pistola?», preguntó uno. Un oficial optó por la respuesta que mejor comprende un niño: «Para protegernos». «¿Vosotros ponéis multas de tráfico?», inquirió otro. A ésta contestaron todos los policías al unísono: «Nooo...». Había que llevarse bien con los peques y para ello nada mejor que dejarles dar una vuelta en los coches patrulla. Al final, todos la mar de contentos. Los policía por enseñar y los zagales, por poder gritar «ninonino» a todo trapo.