? Pocas son ya las memorias de Malpica que pueden rememorar el naufragio del Adaro . Su desgracia se pierde en el vacío de los muchos años transcurridos desde que un día de niebla, según comentan algunas cabezas más privilegiadas del lugar, se fue al fondo del mar frente a la punta de San Adrián, lugar pródigo en desastres marineros, aunque lejos del macabro archipiélago de las Sisargas.? ? Guías? La suya, cuentan, fue una más de las desgracias de tantos barcos que antes y después dieron en esa zona con sus cascos en el interior del mar. El mal tiempo obligaba a refugiarse en la costa y a guiarse por la luces que ésta emitía desde las casas. A veces, los buques se acercaban demasiado al litoral y cuando querían corregir su rumbo ya tenían la espada de Damocles del naufragio sobre su singladura. Los bajos de la Costa da Morte se han interpuesto en el camino de muchas embarcaiones. ? «Non lle sei como pasou a desgracia do Adaro . Eu era moi pequeno e sentinlle falar o meu pai dela. Din que era un barco de carga no que había armarios, pinturas e outros materiais, pero eu non o lembro ben», asegura Jesús Blanco, un jubilado de 72 años. Sus esfuerzos memorísticos no caen en saco roto. Por su edad y sus palabras se puede deducir que el naufragio ocurrió en la década de los treinta. Otro dato de interés es el de la carga, que era variada a tenor de las palabras del vecino.?En el puerto de la localidad bergantiñana, donde algunos ancianos paran a diario a hacer tertulia, se ahonda en las mercancías que llevaba el carguero en sus bodegas: «Traía telas y carnes y otras muchas cosas», apunta José Otero. No coinciden ambos testimonios sobre qué era lo que transportaba la embarcación. Lo que parece claro es que regresaba con sus depósitos llenos, como Marco Polo a la vuelta de sus viajes por las indias.?En la rampa del puerto tampoco están claras las causas de su hundimiento. Apenas queda constancia escrita sobre los desastres acaecidos en esta parte norte de la Costa da Morte. Los investigadores tienen en este campo un amplio caldo de cultivo, casi tan virgen como la recuperación del patrimonio subacuático que se agolpa en el fondo de los mares de la comarca. Con esta situación, el testimonio de los más mayores de la localidad se vuelve imprescindible para tratar de reconstruir viejas historias como la del Adaro . «Aquí, os barcos sempre viñeron ó fondo cando estaba mal tempo». dice otro marinero de la localidad, José Chouciño.?En lo que sí coinciden todos los testimonios es que en la desgracia no se perdió ninguna vida. Sin duda lo recordaría. «Aquí nunca houbo grandes catástrofes con mortos», dice José Otero. Si el Adaro hubiera provocado una retahíla de fallecimientos, sin duda estos permanecerían en la memoria de los vecinos.?Pasado el tiempo el Adaro corre el riesgo de perderse con el inexorable paso del tiempo. Hasta entonces, los viejos marineros de Malpica lo seguirán recordando en sus tertulias improvisadas del puerto o cuando algún interesado curioso pregunte sobre los naufragios. La memoria, si no se ejercita con asiduidad, se acaba perdiendo, como la forma física.