El maná del cielo llegaba bajo el nombre de Tragsa ayer por la mañana a Fisterra. Con sus 40 euros diarios prometidos cerca de 70 personas esperaban en el Concello y en la cofradía los ansiados papeles de contratación, las ansiadas promesas. A las nueve habían anunciado su llegada. «Aquí -cuenta el Patrón Mayor, Manuel Martínez-, preferimos que traballen os que non son mariñeiros e non teñen axudas de ningún tipo». Y a las nueve, puntuales como clavos, se plantan allí madres de familia con su documentación preparada, jóvenes en el paro y otras personas que no tienen acceso a las ayudas por no vivir directamente del mar. Y allí seguían esperando tres horas más tarde. «Chamaron outra vez din que chegan ás dúas», comenta Martínez. Pero los hombres de los euros no se dejaron caer hasta la cuatro. Siete horas de retraso. Se acercaron con prisa por el Concello, cogieron a ocho personas y se las llevaron a Malpica. A otras veinte les dijeron que volviesen al día siguiente. Por la cofradía no pasaron ni a avisar. Y eso que habían hablado de cincuenta personas necesarias para limpiar las playas del propio Concello: «Non se pode tomarlle así ó pelo á xente -dice Martínez-, sobre todo cando precisa o traballo». Además, se preguntaban allí, a dónde van esos ocho si llegarán a Malpica de noche... Pero la historia no es nueva. A la miel de las promesas también acudieron el domingo muchos habitantes de Laxe. Tragsa los había citado a la una. A las tres, aburridos, comenzaron a marcharse. En Laxe prefieren no dar nombres por si las moscas: «Desde o domingo -dicen- aínda estamos esperando». El sentimiento general es de tomadura de pelo. «A ver cando chegan», se preguntan.