LLEGÓ EL PRESIDENTE de la Xunta con el saco de los millones para acallar penas y críticas. Llegó tarde, pero vino. Su mano salvadora en forma de enmienda presupuestaria se extendió sobre los desolados paisajes pintados de negro por la marea. Como un milagro. Pero no todos los derechos van a ser satisfechos. La Costa da Morte es mucho más que los marineros que posan su mirada sobre un mar sin vida mientras se mantienen de brazos cruzados.