Hubo que esperar. La Rúa dos Contos comenzó con casi una hora de retraso. La gente aguardaba en el primero de los locales carballeses entre cervezas y tablas de embutidos. El público era variado. Desde adultos hasta adolescentes, pasando por jóvenes y un par de bebés, que siguieron la primera actuación con asombrosa atención. Con tiempo para que el público llenara su estómago salieron San & San. Confiaron su éxito a su gran expresividad corporal. Poco a poco fueron capaces de ir sacando las sonrisas de los asistentes con imitaciones de famosas obras de música clásica. Sólo un pero, los numerosos fallos a la hora de entrar la música de la obra. El segundo fue Santi Crego. Su actuación fue totalmente distinta. Una mezcla de humor y leyenda, interrumpida por los sones de los romances que cantaba su compañera de reparto. Sus historias fueron claramente compostelanas, gracias a él nos enteramos porque canto la gallina después de asada en Santo Domingo de la Calzada y porque el profeta Tomás sonríe en el Pórtico de la Gloría. La mala lengua de Santi Crego dijo que era porque tenía enfrente los voluminosos senos de Esther. Agotado su turno, la marabunta de gente fue al último punto de reunión. Allí, esperaba Cándido Pazó. El vigués contó la historia del pedo de Avelino Caruncho. Un hombre obsesionado por comer churros. Cuando le tocó una quiniela se puso a comer este alimento durante seis horas seguidas, hasta que una flatulencia de tamaño indescriptible le obligó a interrumpir su acción. Este fue el hilo principal. Aunque, estuvo salpicado todo el rato de pequeñas historias que hizo desternillante la parodia.