¿Falta de previsión de las universidades gallegas o desinterés por parte de la Administración? Lo cierto es que en los últimos años, las tres instituciones han acusado de un modo unánime el descenso de sus ingresos económicos, no en términos absolutos, pero sí de un modo relativo en relación a los gastos. El plan de financiación de las universidades, aunque firmado en consenso con los tres rectores, hace aguas por todos los flancos. Su baremo está obsoleto, ya que la aportación en función del número de créditos matriculados pierde vigencia en un período en el que cada año desciende considerablemente el número de alumnos. La Universidad prorrogó durante el 2002 el presupuesto del año 2001. En teoría, para que los números cuadren debería tener los mismos gastos y los mismos ingresos. Pero los universitarios son cada vez menos, con lo que disminuyen los ingresos. Y el gasto en la plantilla docente se incrementó en un siete por ciento, aunque el número de profesores se mantiene estable. El resultado es que se desequilibra cada vez más la balanza. Gastos superfluos Llegó el momento de apretarse el cinturón, porque los propios miembros de la plantilla docente reconocen que en los últimos años hubo un proceso de contrataciones importante. La universidad ya no es la panacea de los jóvenes, por lo que debe demostrar su valía y ofrecer resultados a la sociedad. Por el momento, el plan de financiación aún tiene vigencia hasta el 31 de diciembre del 2003, aunque a principios de año comenzarán ya las negociaciones con la Xunta para determinar cuáles van a ser los nuevos criterios de financiación de las tres instituciones académicas. Privados Otra de las realidades que deberá incorporar la universidad -aunque muchos sectores lo acusan de ser un intento de privatizar o pervertir una institución pública-, es la financiación a través de fuentes privadas mediante contratos de investigación. Y es que las universidades vivirán cada vez menos de los alumnos matriculados, al trasladar desde hace unos años la premisa de la cantidad hacia la calidad. El propio rector de la Universidad de Santiago, Senén Barro Ameneiro, admite ya una situación económica «desfavorable e delicada» que tendrá que cambiar.