Este verano que nos toca vivir, entre la chaqueta y el sofoco repentino, ha llevado a la actualidad el tema de conversación más manido del mundo occidental: el tiempo. En el mercado, la plaza, la zapatería o la boutique no hay otro asunto que dé tanto de sí, excepto la liberación de Perejil, pero esto es muy reciente. Más que el cambio de Gobierno, las fiestas de Carballo o el concierto de David Bisbal y Chenoa, el tiempo se ha erigido en el asunto del verano. Y lo más sorprendente del caso es la exactitud con que la gente recuerda la última vez que hizo un día de playa, eliminando el de ayer que trajo a colación el anterior. En todas las conversaciones se habla de aquel fin de semana de junio, concretamente el sábado, en que la meteorología puso en nuestros labios de un verano adelantado. A esa jornada la siguieron más de treinta de paraguas y chaquetas, de pocas ventas en los comercios y de rebajas con el bañador sin estrenar. Según los más agoreros, lo de ayer sólo fue un paréntesis entre borrascas y anticiclones que nos regalan sol y nordés a manos llenas. El caso es que si Pemán no lo remedia, este verano se acabará con pérdidas para la hostelería, la confección e incluso los mariscadores. ¡Ojalá todo siguiera como ese sábado de junio!