El entrenador del Deportivo, Javier Irureta, ofreció una divertida conferencia en Carballo
26 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Jabo Irureta llegó tarde a su cita en la capital de Bergantiños. A las puertas del casino lo estaban esperando representantes de la peña deportivista Carballo y el alcalde de la localidad, Manuel Varela Rey. No hubo preámbulos, tan pronto se sentó en la mesa se abrió el turno de preguntas. Para abrir boca una pregunta sencillita: «¿Ganaremos la liga?», inquirió un señor sentado en un sillón junto a las escaleras que conducen al bar. «Tengo esperanzas. En el fútbol no hay nada decidido hasta el último minuto», contestó con una sonrisa el irundarra. A partir de ahí fue desgranando su décalogo del balompié, su forma de ver este deporte que ha calado hasta los huesos en miles de personas. «El público siempre mete un gol, en la final de copa no sé si fue el primero o el segundo» o «tuvimos que convencer al presidente que un equipo tiene que tener alma del lugar de dónde es. Éste fue nuestro primer paso al llegar al Dépor en el que jugaban cerca de veinte extranjeros» o «un equipo no es más ofensivo por poner dos delanteros, sino por la capacidad goleadora de la media», fueron algunas de las frases con las que fue desgranando no sólo una filosofía de ver el fútbol, sino también la vida. Humorismo Pero si algo caracterizó la charla del entrenador del Deportivo con los aficionados carballeses fue el humorismo. Irureta planteó sus intervenciones con una cuidada mezcla de realidad e ironía, entre las que anduvo bailando toda la velada eligiendo uno u otro paso según la circunstancia lo requiriese. «Va a pasar al Barcelona y eso no está bien porque aquí le hemos dado todo lo que quiere», le dijo una señora. Respuesta de Irureta: «Las mujeres siempre van al grano», A partir de ahí, entablaron una conversación: ¿Es cierto que yo lo oí en la radio a las dos de la mañana. ¿Me gustaría saber que hacía usted despierta a las dos de la mañana. ¿Oír los deportes. No sé si tendrán razón porque usted tiene pinta de ser muy pillo.