SANTIAGO GARRIDO EN DIRECTO Lourdes Romero Castro, de Camariñas, única mujer de la Costa da Morte que trabaja en el mar
05 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Lourdes Romero habla ahora de centolos, maragotas, pintos, sargos y pulpo con la misma autoridad y sabiduría que de pequeña le enseñaron para tratar sobre la flor de la berza, el cenceno de la espiga o el cribo do millo. Hace sólo año y poco que sale al mar a largar y recoger redes, pero es de las que aprenden rápido. «Entrei nisto case por obrigación, despois de estar moitos anos en Suiza. Non había mariñeiros, nin rapaces novos que quixeran traballar, porque cada vez o mar gústalles menos, e tiven que ir eu». Tuvo que ir ella con su marido, Juan José Carril López, camariñán de varias generaciones, de los que miran las olas y ya traducen cuatro frases de lo que dicen. Van los dos, cada día, a bordo del Nacho, una buena embarcación de siete metros cuya proa enfila hacia Vilán casi con el piloto automático. En realidad, quien más hace de piloto es Lourdes. El marido larga, aunque en la recogida hay trabajo para todos. Y ojalá hubiese más, dice, Hay días que en sus metros de redes aparece una triste centolla que no le alegra el día a nadie. Ni a ellos, ni a la centolla. Con el timón, Lourdes se está aprendiendo el nombre de los campos (baixos) del mar. Y hay muchos: Esbarda, los dos Cabezos, As Quebrantes, Farelo (junto a la Virxe do Monte), Betanceira, Corno, Bufardo, Tiburón, Moedor (cercano a la Barca). El compañero ya le va explicando con voz grave. Socarrón, dice: «Ela ten tres traballos: aguantarme a min, ó choio e ó mareo». El mareo, sí. A veces, en una curva, el barco recuerda a un Dos Caballos por los baches. «Aínda hoxe o teño, pero tiven máis ó principio», reconoce. Es una de las cosas en las que ha ido progresando. Pero no en la compresión de muchas personas: «As que me din que estou tola, que son un bicho raro. Ou as miñas fillas», de 23 e 20 anos (ella tiene 41) que pasan miedo y con las que habla desde el mar con el móvil. «Pero, no fondo, creo que isto me gusta». En resumen, le está cogiendo el tanteo, el truco. Hay días que no le gusta nada. Ni a Juan. Cuando hay bajas de mar, llega el viento de Noroeste o de Travesía. Son los peores regos que hay que arar.