Los trofeos se quedan sin dueño

La Voz

CARBALLO

J.M.CASAL

ESTACIÓN ESTIVAL

07 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El primer enfrentamiento local no suele esperar a que la campaña se ponga en marcha. Los choques se adelantan al tiempo de pretemporada en el típico torneo que organizan los concellos de la zona. El vecino es una piedra de toque idónea: buena y barata. Se pierde buena parte del rictus competitivo por aquello de la falta de puntos en juego, pero contra el gran rival no queda bien caer derrotado ni en los encuentros amistosos. En el trofeo, vence el conjunto que esté más afortunado en los partidos. Sin embargo, los últimos años nos han dejado excepciones que se escapan de lo normal. El fútbol, caprichoso, se encarga de sacar al descubierto las carencias que existen en los reglamentos. En A Laracha, la convivencia entre los dos grandes equipos del Ayuntamiento se reduce al enfrentamiento estival. No se encuentran en competición oficial desde hace una década. Hace tres veranos, el Paiosaco puso en apuros al conjunto dominante durante los últimos años. Vencieron al Club del Mar con el mismo resultado y empataron sin goles en el encuentro que tendría que resultar decisivo. Una discrepancia en la forma de interpretar las normas hizo que ninguno de los dos capitanes tuviese el honor de levantar el trofeo. La reflexión, una vez finalizado el encuentro, no sirvió de mucho y la fecha para jugar un replay no llegó a buen puerto. Para la historia del torneo, el nombre del ganador en el año 1999, quedará desierto Lío en Cabana Más rocambolesco fue el caso del Trofeo de Cabana, que se disputó este verano. Los tres medios tiempos acabaron en tablas, con lo que hubo que recurrir a valores secundarios para determinar el ganador. El Cabana reclamó el título. Su argumento era que había conseguido más goles que ningún otro equipo (dos). Sin embargo, el Corcoesto aludía a su victoria en las dos tandas que se habían realizado desde el punto de penalti. Ninguno fue capaz de convencer al contrario y la copa se quedó en el campo de As Fontiñas, terreno de juego del Nantón, único equipo que no había puesto el grito en el cielo para llevarse el trofeo a sus vitrinas.