Lo que cuesta hacerse mayor

C. A. M. CARBALLO

CARBALLO

CASAL

Los abuelos compensan la escasa cuantía de las pensiones con las ofertas gratuitas de las instituciones La escasa cuantía de las pensiones es una queja generalizada entre las personas mayores. Las viudas, sobre todo, pasan serios apuros para llegar a fin de mes, y más cuando todavía tienen bocas que mantener. El 2% de revalorización de los «salarios», del que tanto se habla estos días, es insuficiente para que los afectados noten la mejoría, así que tienen que compensar la situación «agarrándose» a las iniciativas que organizan para ellos todo tipo de instituciones. Y algunos las aprovechan que da gusto.

06 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El Centro Social San Xoán Bautista de Carballo está estos días un poco más vacío de lo habitual. Es lógico. Una parte considerable de la clientela está de vacaciones en el sur de la península, aprovechando una de esas ofertas que el Imserso y la Xunta realizan a lo largo del año. Vacaciones baratas y animadas, de las que todos se traen buenos recuerdos y las carteras un poco más vacías que cuando se fueron. De todos modos, los abuelos no son derrochadores. Todo lo contrario. Les cuesta mucho decir en voz alta cuál es el importe de su nómina, sobre todo cuando es elevado. Las que no tienen reparo alguno son las viudas, que normalmente perciben cuantías muy escasas, y las personas beneficiarias de una pensión no contributiva. Los hijos y los nietos se llevan la mayor parte. En el medio rural, sobre todo, la paga del abuelo constituye una importante inyección económica mensual para la unidad familiar, y casi siempre se convierte en el banco que financia la compra del coche de la tercera generación. En la zona urbana hay otros gastos añadidos, porque también hay más facilidades para disfrutar del ocio. Afortunadamente, las clases de gimnasia que organizan varios concellos, los cursos que imparten las asociaciones y los concurridísimos bailes de la tercera edad -con comida incluida- son gratis. Pero también están dispuestos a pagar si hace falta o si el objetivo es disfrutar de una jornada de confraternidad en compañía de los conocidos, algo de lo que sabe mucho la Unión de Pensionistas de Sofán. Sus fiestas no bajan de las 300 personas.