El Municipal de Carballo fue una de las sedes de la competición que reunió durante tres años a jugadores de ascendencia española La España de Naranjito resultó prolífica para el fútbol. Un personaje inspirado por una Copa del Mundo que se pasó a los dibujos animados y a la novela costumbrista. En su día, la fruta risueña también inspiró a los Condes de Fenosa para poner en marcha el Mundialito de la Emigración. Una reunión que se suponía anual de todos los países del mundo relacionados, especialmente, con Galicia por sus gentes. La idea no pasó de las tres ediciones, pero dejó una organización modélica y un buen puñado de futbolistas de nivel. Sobre todo de los países sudamericanos, que prepararon la cita como si de una Copa del Mundo se tratase.
10 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Coincidiendo con aquel estrepitoso fracaso de la selección española en su propio mundial, la Fundación Pedro Barrié de la Maza quiso estrechar los lazos con la Galicia exterior. Nació el Mundialito de la Emigración con la dirección de Armando Cajaraville Macías. La primera edición no pudo resultar más cercana. Carballo fue una de las sedes que acogió a ocho combinados nacionales que lucharon a vida o muerte por llegar a la final de Riazor. Y tanto que lucharon. Aún se recuerda la batalla campal entre Uruguay y Argentina en el encuentro semifinal que supuso la descalificación de los primeros. «Todo el mundo hablaba de una venganza», afirma Fernando Castro, miembro de la expedición uruguaya de la edición siguiente, que se celebró en Pontevedra. Dicho y hecho. La final volvió a emparejar a los eternos rivales sudamericanos en Balaídos y allí Uruguay se llevó el trofeo. Fernando fue de los pocos que se quedó por tierras gallegas una vez finalizado el campeonato: «Recibí una oferta del Bergantiños y no lo pensé. Además, tenía acá buena parte de mi familia». Pasó de jugar en Primera Divisón uruguaya (River Plate de Montevideo) a hacerlo en Regional Preferente, pero tal y como reconoce: «Cobraba más en Carballo que en Uruguay. Ya entonces la situación estaba muy fastidiada». Los antepasados de Fernando Castro estaban claramente ubicados en Bergantiños, pero no así los de muchos jugadores que acudieron como supuestos descendientes de gallegos: «Lo de pasaportes falsos no es una historia de nuestro tiempo. Ya entonces los jugadores buscaban la forma de jugar en España. Les daba igual. El Mundialito era un escaparate y con nosotros viajaron jugadores con apellidos italianos o rusos». Con la tercera entrega, en Tenerife, se dio por finalizado el Mundialito. Poco tiempo, pero mucha historia y personajes famosos: Didí, como director técnico de Brasil, el Dardo Pérez, que luego ficharía por el Racing de París o el panameño Rommel Fernández, que fichó en la Isla tras la última edición.