SANTIAGO GARRIDO PICO DE MEDA
29 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Él cree que cada viaje navideño es igual que los otros, pero también distinto. Como las olas del mar; siempre las mismas, siempre diferentes. Partió del aeropuerto de Santiago, donde, como en el Juan Canalejo, siempre hay conocidos. Caras y cosas. En una tienda moderna brilla hermosa la artesanía de Buño y los encajes de Camariñas y Muxía, que compran turistas apresurados y emigrantes con cargo de conciencia de última hora. Sobre el avión vio el mismo paisaje y tal vez diferente. Las aerovías van cada vez más próximas a la Costa da Morte. Desde la ventanilla, Sogama y Meirama se cogen con la mano. Los parques eólicos ahora ya dan la latitud e impiden los acertijos. Allí está Anxeriz, al lado de los molinos. Y allá se ve el Pico de Meda, a cinco mil metros, a 500 por hora y subiendo, más pequeño, más pequeño... Y allá se queda Unemsa humeante, la Sisarga Grande, los campos que pateó de pequeño y que ahora mira desde una nueva perspectiva vital y aérea. Sobre Londres, cuando es de noche, siempre hay un manto de nubes que cubre un inmenso océano color púrpura: las luces. No hay palabras, ni comas ni puntos que lo definan. La capital del Imperio sigue hermosa como siempre. Las pequeñas referencias a la Costa da Morte, escondidas en San Pablo, en las librerías de Charing Cross o en los anticuarios de Picadilly. Las hojas secas de Green Park son las mismas que alfombran y dejan morir los castaños de O Allo. Y detrás del real parque, en absoluto eólico aunque frío y oscuro a las tres en punto, los autobuses rojos de dos plantas de Arriva resultan extrañamente familiares. Pero, a veces, surgen cosas que no son las de siempre. Una cerveza en un pub irlandés, tarde, cerca de Camden. Un tipo maduro toca la guitarra y otro el banjo. Poca gente y algunos amigos. Hola, hello. Más cerveza negra y conversación. El tipo de la guitarra se confiesa en inglés lento: -He estado algunas veces en España, tocando. En Madrid, en Barcelona. Y en Zas. ¿Conoces Zas? No puede ser. Es. Entonces, naturalmente, las cosas ya no son como siempre. ¿Quién puede preguntar por Zas a estas horas? Pregunta Pat Kilbride, de la Battlefield Band. A su lado, el del banjo, de los Pogues. El primero visitó Zas tres veces. Y pregunta por «Trumpet». Trompeta, apodo de Manolo, alma de la Carballeira. Y entonces, el viajero y él cantan. I would swin over/the deepest ocean... (...nadaría, sobre el más profundo océano...). Ese que nunca es el mismo.