Una familia reclama en la parroquia vimiancesa de Carnés una vivienda que adquirió tras una expropiación por un impuesto franquista Corría el año 1974. Había comenzado el proceso de Burgos, Cruyff gambeteaba por las esquinas del Camp Nou y faltaba un año para que Franco estirase la pata. Aunque Manuel Gándara, vecino de la parroquia vimiancesa de Carnés, había muerto en 1960, su desgracia comenzó ese año. La falta de pago de un impuesto franquista propició que su casa familiar fuese expropiada por otro vecino, que nunca llegó a ejercer sus derechos. Hoy, un cuarto siglo después, los herederos del comprador la reclaman. Mientras, los descendiendes de Manuel Gándara alegan que todo fue un gravísimo error jurídico preconstitucional.
11 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El abogado de Manuel Gándara López, hijo del acusado de no pagar la tasa, Pedro Trepat, defiende que todo este asunto se trata de un gravísimo error. Él apunta como principales causas de la kafkiana situación el atraso que vivía el país en el año 1974 y la ausencia de garantías jurídicas en los expedientes administrativos que se realizaban en aquellos años. «Es una cadena de hechos absurdos», asegura el letrado. Los hechos Pedro Trepat reconoce que Manuel Gándara no pagó el extinto impuesto de desagües de caños y de rodajes de carros entre 1960 y 1974, pero no lo hizo por la sencilla razón de que había fallecido y que por la tanto, dado su estado, estaba exento ya de los impuestos terrenales. También dice el abogado, que es un absurdo que le expropiaran la casa, ya que en realidad no era suya, sino que era una herencia de la familia de su mujer, cuyos ascendentes estaban viviendo en ese hogar documentadamente desde el año 1880. Con lo cual, el estado realizó dos injusticias: una cobrar un impuesto a alguien que no lo tenía que pagar y quedarse con un bien que no pertenecía al deudor. Además, sostiene el jurista que las cantidades por las que le fue embargada la casa eran rídiculas. En sus catorce años de no existencia Manuel Gándara había acumulado una deuda de 2.496 pesetas, incluidas los recargos (sobre un 20% del total), los costes y los gastos. Por ella se expropió la casa. Aquí comienza la segunda parte de la historia. José Rodríguez Gerpe compró la casa en litigio en una subasta un 21 de julio de 1975 por el módico precio 46.600 pesetas. Sin embargo, la ocupación del inmueble por parte del comprador durmió hasta entonces el sueño de los justos. Los descendientes de Manuel Gándara siguieron ocupando la casa sin mayores problemas hasta que el año pasado los hijos de José Rodríguez reclamaron sus derechos sobre la vivenda. Los intentos de alcanzar un acuerdo entre ambas partes no llegaron a buen puerto. Ahora tendrán que ser los tribunales los que decidan.